¡Diegooooooo! ¡Diegooooooo! gritaba con insistencia Emilio mientras corría por la calle, hasta que Diego se asomó por la ventana ¿Qué pasa? ¿Por qué el escándalo? ¿Todo bien? -Alista tus cosas, que nos vamos al ¨Uni¨ a ver al campeón … pero apúrate hombre que los buses se van en 40 minutos-. Sin pensarlo, Diego cambió los jeans por las bermudas, dejó la playera gris y se puso la de ¨Local¨ tomó una chamarra y tres minutos después ya estaba arriba de un camión con Emilio, que le explicaba cómo había conseguido el dinero para hacer el viaje.
A cien metros de llegar a la cita, Diego y Emilio ya percibían el sonido de los bombos y trompetas, alcanzaban a ver banderas ondeadas en todo lo alto y trapos colgados en los 19 autobuses que estaban listos para hacer el viaje. Bajaron del transporte y se dirigieron a la rueda que se formaba con todos los hinchas que faltaban por pagar los tickets para entrar a la cancha.
El camino fue largo, se estimaban doce horas para llegar al ¨Uni¨, al final fueron 17, los robos continuos a los oxxo sobre las autopistas, paradas para estirarse o los obligados retenes militares. La fiesta no terminó, de madrugada, mañana y día en cada uno de los autobuses, hinchas sin playeras con cánticos que motivaban el viaje, mucha cerveza, mucha locura, mucha pasión, incluso, muchas drogas…
Entrando a la ciudad, Diego y Emilio subieron eufóricos al toldo del autobús, en cada semáforo que prendía de rojo intercambiaban insultos con la gente que esperaba el transporte público o con los que iban en sus autos, estaban irreconocibles, llegada triunfal y caminata al estadio, de los más de mil hinchas que seguían al campeón esa tarde de sábado, banderas, tiras, trapos y cánticos que anunciaban su llegada.
Pronto un ¨intento de bronca¨, les aventaban piedras que regresaban al mismo tiempo que corrían en sentido a sus rivales, no pasó a mayores, la policía montada repelió los ataques entre ambos grupos, hizo que los hinchas visitantes retrocedieran y se incorporaran al contingente que estaba extasiado, por los acontecimientos que auguraban que esa tarde/noche sería inolvidable.
En la tribuna la fiesta impresionaba a todo mundo, los cánticos hicieron retumbar el ¨Uni¨ cuando los equipos salieron a la cancha, la tribuna alta en cualquier momento pudo haberse caído con los brincos constantes de los barristas, banderas, trapos y papel picado ¡Qué recibimiento!, el marcador todo el tiempo favoreció al rival, pero nunca impidió que Diego y Emilio se desgarraran la voz. Terminó el juego y las tribunas entonaban ¨Aquí el carnaval, allá el funeral¨.
¿Saldo? Hinchas de ambos equipos detenidos, otros más lesionados, patrullas y los autobuses de la visita con parabrisas y ventanas rotas o estrelladas. Lo titulares de los diarios no mostraban la imagen del marcador del partido, mostraban a los lesionados (entre los que estaba herido Diego, por un arma punzo cortante) y un enorme titular: ¨Batalla campal, desborde de pasión¨.
Los 19 autobuses apenas y lograron estar de regreso en la ciudad 22 horas después de sacar a los detenidos y lesionados, mientras los demás hinchas comentaban y analizaban cada una de las anécdotas, que formaban la historia de una noche INOLVIDABLE, que quedaría en la memoria colectiva y quedaría como antecedente para futuros enfrentamientos.
Emilio regresó a casa a Diego. De la herida con la cual su amigo pudo haber perdido la vida, no hablaron, era más importante recordar cada segundo de la batalla y pensar que habían sido parte de la hazaña, por haber corrido a la hinchada local…
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Si, así fue como los Barra Bravas en México se dieron a conocer, por peleas afuera de los estadios, mientras la fiesta en la tribunas quedaba en segundo o tercer plano para los medios. Los excesos en las carreteras con los robos a Oxxo´s, las peleas con la policía o las detenciones a los hinchas por la portación de armas o pirotecnia.
La Federación Mexicana de Fútbol tomo cartas en el asunto y en 2006 prohibió la asistencia de los aficionados cuando su equipo jugara de visita; es decir, las barras y las porras ya no tendrían acceso a los estadios, también se prohibió el ingreso de mantas/trapos, banderas, bombos y tiras, por que se creía que estos ¨elementos¨ eran los generadores de violencia, entre los grupos de animación.
Los hinchas hicieron caso omiso de las medidas implementadas por la FMF y viajaron. Esa ¨jornada¨ no se presentaron incidentes, en partidos posteriores ya no se hablaba de violencia en los medios de comunicación, se hablaba de la violación de Derechos Humanos, contra hinchas a los cuales se les detenía y negaba el acceso por ser ¨capitalinos¨ o por su ¨facha¨ inaceptable para un partido de fútbol.
También se dieron casos en los cuales no se dejaba llegar a las Barras al destino, pues eran regresados por la Policía en las carreteras, incluso con boleto en mano, a otros se les dejó llegar a la ciudad, pero fueron aislados del evento…
Los hinchas hemos aprendido de los errores que se han cometido en 14 o 15 años de movimiento aquí en México, tratamos de hacer una real fiesta en las tribunas, competimos con el rival con cantos y la violencia se ha quedado de lado, evitando que se reprima en cuestión de ¨color¨ y existan abusos por parte de la policía.
Hoy por la mañana se estima que viajen alrededor de 2,300 hinchas de Atlas a Aguascalientes al partido contra Necaxa, según el Diario Récord, pero la cifra podría ascender a los 8 mil fanáticos, por lo que se ha recomendado a los Atlistas que adquieran los Tickets de acceso desde Guadalajara y así evitar ¨tumultos¨ en las taquillas.
Esperemos que los Directivos del Club Necaxa, en coordinación con la policía, no les roben la ilusión a los aficionados de Atlas de ver a su club saltar a la cancha y que los hinchas tengan un comportamiento excepcional dentro y fuera del estadio Victoria y así podamos seguir disfrutando del espectáculo, sin tener que arrepentirnos por haber acudido a la cancha.
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